El Quietismo Social más letal que el coronavirus

La soberbia, el machismo, la ignorancia y el quietismo social se han convertido en un excelente medio de cultivo para hacer más virulento al coronavirus, cuyos efectos se están manifestando caóticamente, ante una sociedad fría en indiferente que no es capaz de cumplir con AMOR las esenciales medidas de prevención, como podrían ser: Traer un buen cubreboca (bien puesto), la sana distancia (de dos a tres metros) y el correcto lavado de manos. Cada amanecer nos despertamos preguntándonos… ¿Hasta cuándo seguiremos así? Lo más seguro hasta que salga una vacuna o un medicamento antiviral efectivo; sin embargo el cuestionamiento que nos deberíamos hacer es: ¿Qué estoy haciendo para contribuir a la contención de esta pandemia?… Muy sencillo, nos hemos dedicado a intercambiar memes, a subir frivolidades al Facebook, mientras los médicos, enfermeras y todo el equipo sanitario, están decepcionados, hartos, enfermando y muriendo, por nuestra irresponsabilidad, no hemos sido capaces de tener un comportamiento solidario y sobre todo con respeto hacia nuestros padres y abuelos, pues el virus no ha llegado a ellos por estar haciendo fila en un expendio de cerveza o hacer juntadas con amigos igual de irresponsables, muy valientes y soberbios… Les debo recordar que la culpa es una indeleble pesadilla.

Te habrás enterado que hay cientos de personas mayores viviendo solas, no tienen que comer, ni dinero para pagar un médico o comprar medicamentos y menos un teléfono inteligente para llamar a la Cruz Roja que pase a recogerlos en su agonía. Quizá estemos diciendo: “No es mi bronca”, pero en el fondo estamos deseando que en cada Estado de la República una mujer mexicana pariera seres humanos con un corazón similar al de Bill Gates, para que en la próxima pandemia nos enseñe el concepto de misericordia, generosidad, compasión y empatía. Qué pasaría si tuviéramos un cambio de actitud más humana y corresponsable, entonces los estudiantes de medicina, enfermería y la juventud en general dejarían su celular a un lado y abandonarían esa miserable y egoísta zona de confort donde se encuentran; entonces veríamos un verdadero ejército de jóvenes haciendo brigadas colonia por colonia, o rancherías llevando medicinas, alimentos, atendiendo y clasificando enfermos, recogiendo informes de aquellos que podrían necesitar un tanque de oxígeno, un oxímetro, para seguir la evolución de su enfermedad y decidir en qué momento trasladarlo a un hospital a tiempo “regla de oro”. Así las autoridades de cada comunidad, estarían asumiendo la responsabilidad que a ellos les corresponde. Esta indiferencia nos puede llevar a saturar los hospitales, a colapsar el sistema de salud y si alguien de nosotros o el mismo personal sanitario, necesitara un tanque de oxígeno o una cama de hospital, no habría disponible.

Por nuestra falta de luz de conciencia, nuestra irresponsabilidad y el quietismo social que nos domina, no hemos hecho casi nada para contener la pandemia. ¿Dónde están los líderes, los comunicadores que convoquen a la juventud y al pueblo en general a participar, aportando ideas para llevar soluciones inmediatas donde se requieran?. ¿Estamos esperando un milagro de Dios?… Les diré, como dijo Anne Graham cuando le preguntaron que si donde estaba Dios cuando derribaron las torres gemelas en Estados Unidos, ella contesto: “Dios es un caballero, no acostumbra ir a donde no lo llaman, hace mucho tiempo lo sacamos de nuestros corazones, de nuestros hogares, de nuestras escuelas, de nuestros centros de trabajo… Él es un caballero, no acostumbra ir a donde no lo llaman”. Si en estos momentos, Dios me preguntara que porciento de seres humanos hemos tenido un cambio de actitud ante la pandemia, sin temor a equivocarme le diría, que no llega al cinco por ciento, y si a alguien no le gusta mi opinión la podemos debatir. ¿Cuántos de nosotros estamos orando por el personal sanitario, por los científicos que están a marchas forzadas elaborando una vacuna o un antiviral?.

Para entender lo que es el quietismo social, hay que voltear a ver, lo que han hecho ante la pandemia, los países tan pobres como los Cubanos y Salvadoreños, y tan ricos y desarrollados como Japón. La República de El Salvador un país con una extensión territorial de 21mil 041 kilómetros cuadrados, sumamente pobre comparado con Sinaloa, ha construido un hospital temporal con dos mil camas, y trescientas camas de terapia intensiva para atender a sus enfermos, con un costo de 70 millones de dólares, y decretó una CUARENTENA ESTRICTA Y CONTROLADA. Sinaloa con una extensión territorial de 58 mil 200 kilómetros cuadrados es uno de los estados más ricos de México, el granero del país, y podemos ver alrededor de los hospitales a familiares de enfermos de COVID-19, deambulando como zombies, buscando conseguir para comprar sus medicamentos cuando el hospital no los tiene por el momento o bien conseguir que comer… Entonces ¿qué nos hace falta a los Sinaloenses?… ¿Por qué no decretamos una cuarentena estricta y controlada?, porque somos una sociedad con el síndrome de las “4I”: nos creemos inmunes, inmortales, pero más bien pareciéramos imbéciles e inmisericordes. Debo aclarar que no generalizo, porque sé que somos más los buenos pasivos y egoístas, paralizados socialmente, que los malos, machos e indiferentes. La preguntas sería: ¿Quién cerrará la caja de Pandora? ¿Queremos un milagro venido del cielo para contener la pandemia? No creo que se dé, porque somos muy pocos los que volteamos a ver el cielo por las noches.

Reflexionando… Podríamos tener dinero para vivir diez o veinte vidas, pero la vida que ahora tenemos es un regalo divino y un diminuto virus en cuestión de días nos la arrebata y nuestros amores, nuestras riquezas, nuestros lujos, nuestra miseria, las visitas al Facebook quedan resumidas en un inerte y mudo puño de cenizas. Si Dios nos prometiera parar la pandemia mañana a cambio de ver entre nosotros el perdón, el amor, la misericordia y la generosidad, muy probablemente no cumplamos el trato. Queremos un día celebrar el fin de la pandemia, fundidos en un abrazo y en un te amo… Seamos más humanos y empáticos, investiguemos la definición de misericordia. Estoy seguro que si un veinte por ciento de la población, médicos, gobernantes, antes de que nos llegara la pandemia a México, hubiéramos leído el libro La Peste, de Albert Camus, nuestra actitud pudiera haber cambiado, al entender cómo se comporta una pandemia y hubiéramos actuado con humanidad, con espíritu de grupo y estaríamos gozosos que Dios hubiera obrado en nosotros, logrando la trascendencia espiritual que todos soñaríamos experimentar. Acaso nos hemos enterado que un paciente en terapia intensiva permanece inmóvil, atado, muchas veces boca abajo durante dos o tres semanas y que aun siendo joven en veinte días pierde el cuarenta por ciento de su masa corporal, las lesiones de boca y cuerdas bocales tardan en recuperarse seis a doce meses, y la atrofia muscular que sufre los deja sin poder caminar por mucho tiempo, y además el síndrome de shock postraumático no es fácil de superar… Los médicos de terapia intensiva deberían permitirle a un familiar joven que haga una guardia de doce horas al lado de su ser querido para que actúe como enfermero, y estoy seguro que al día siguiente al salir de la guardia, correría a su computadora a checar su Facebook, pero no para leer ni ver las monerías que sus amigos le enviaron, lo haría para dar testimonio al mundo del viacrucis que sufre un ser humano intubado y quizá cambiaría nuestra forma de comportarnos y actuaríamos prudentemente y estaríamos satisfechos de haber aportado lo que nos corresponde hacer. Si el día de mañana la ciencia médica, sacara la vacuna en forma de supositorio, los primeros en formarse serían los machos que se resisten a usar cubreboca y que andan contaminando por todos lados.

Para terminar, les cuento una anécdota, en una ocasión un joven estadounidense interpeló a su Presidente John F. Kennedy, preguntándole: “Señor Presidente ¿qué es lo que nuestro país ha hecho por nosotros?”… El Presidente le contestó: “No me preguntes que ha hecho tu país por ti, pregúntate que has hecho tu por tu país”… ¿Qué has hecho tu joven mexicano por tu país en la pandemia?… Esta enfermedad no respeta clases sociales ni color de piel. No olvidar que de cien personas contagiadas, cerca del cincuenta por ciento está compuesto por trasmisores pre-sintomáticos, que son los que tienen el virus y no han desarrollado síntomas y los trasmisores asintomáticos, que son los que andan expandiendo virus y no tienen síntomas, estos dos grupos son casi igual de contagiadores. Si esto no nos convence para que todo mundo use cubre boca, entonces ¿quién nos debería hacer entender que la vida es un milagro divino?.

Urge unirnos, hagamos a un lado las jerarquías sociales y el clasismo, compartir la responsabilidad en todos niveles sociales, líderes de gobierno, líderes empresariales, religiosos y pueblo en general. Me pregunto cuál ha sido el papel de los Colegios Médicos, de algunos medios de comunicación como la radio, deberían estar entrevistando a expertos y promoviendo estrategias sanitarias que contribuyan a la contención de la pandemia.

Finalmente, por muy complejo que sea un problema, en la vida se debe pensar en buscar soluciones con los recursos que estén al alcance. En situaciones extremas, como dijera Albert Einstein: “La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado, mientras que la imaginación no”. Recuerden nada tiene valor en la vida sin salud.

Dr. Jesús Alberto Davizón Lara, Médico Pediatra, UNAM.