La estupidez humana y el coronavirus son aliados

No todos los seres humanos somos buenos, si así fuera este planeta sería un paraíso. Toda forma de comportamiento tiene un gen que lo hace que se exprese y el medio ambiente donde lo desarrollamos permite que esos genes nos hagan transitar por la vida con un objetivo: Felicidad o desdicha, salud o enfermedad. Estos genes pueden venir cargados de antivalores, codicia, avaricia, envidia, insolidaridad, pero también de bondad, compasión, y misericordia por decir algunos.

En el libro “La Peste” de Albert Camus, nos da a entender que las peores epidemias no son biológicas, son morales y en estas situaciones al ser humano le brota lo peor de su esencia: la insolidaridad, la codicia, el egoísmo y lo inhumano; pero también expresamos lo mejor, que por desgracia esto último solo se ve en un reducido grupo de seres humanos, capaces de sacrificar algo por el prójimo.

Todo esto tiene una explicación científica que trataré de explicar. El cerebro humano con más de cien mil millones de neuronas, divina y mágicamente enlazadas, coordinan todas las funciones de nuestra vida (milagro divino), y una parte de este órgano ubicado en la parte frontal del cráneo, ahí está la corteza frontal y prefrontal, donde radica la escala de valores, la razón, la autocrítica y muchas otras funciones. Esta zona regula la expresión y funcionamiento de la amígdala cerebral, donde se gestan emociones y se expresan nuestros instintos, es decir, la corteza frontal y prefrontal es el freno que hace que la amígdala regule nuestros comportamientos prudentes éticos y morales, por citar algunos.

Esta zona cerebral (corteza prefrontal) madura en la mujer a los 21 años y en el hombre a los 25 años. ¿Como explicar el hecho que un considerable porcentaje de la población no esté acatando la orden de las medidas sanitarias impuestas por las autoridades de salud? Intervienen múltiples factores: agotamiento por confinamiento, ansiedad, angustia y depresión, pero aquí juega un papel muy importante la expresión genética de la conducta que los seres humanos tenemos en nuestra vida común, ante una crisis como la pandemia. Ft

¿Por qué nos comportamos tan irracionales? porque al consumir alcohol, drogas o al reír a carcajadas el cerebro produce muchas sustancias que lo estimulan y una de ellas es la dopamina (hormona del placer) y éstas junto con los efectos de las drogas inhiben a la corteza prefrontal y frontal, así mismo ante el enojo o exceso de felicidad la dopamina se eleva más y nos volvemos más estúpidos y menos objetivos y detrás de esto se expresa el gen de lo irresponsable, desobediencia, egoísmo y falta de solidaridad; surgen los comportamientos imprudentes y de mala educación, y si a esto le sumamos que un considerable porcentaje de individuos (20 a 30 por ciento) sufre trastornos psiquiátricos y de personalidad, mismos que cursan con un grado de disfunción del lóbulo frontal, el problema es mayor. También hay comportamientos como el machismo o la soberbia, con lo que explicaríamos claramente el porqué de la resistencia a guardar la sana distancia, el lavado de manos, el uso correcto de un cubrebocas y evitar acudir a lugares concurridos, fiestas y eventos donde las personas estén muy juntas entre sí. Entonces el rebrote de la pandemia lo podríamos contener y así activar las economías, evitar más muertes, pobreza, y resurgimiento de todo tipo de fenómenos sociales.

Es por ello, que sí se requieren medidas de disciplina obligadas para todos y que las autoridades accionen brigadas de jóvenes en todos los rincones del país, para que se supervisen que éstas medidas sanitarias las cumplamos, y de ser posible que cada uno de nosotros sea un vigilante y denunciante de los lugares donde haya congregaciones de personas que se exponen al contagio, pero en lo posible, sancionar y clausurar fiestas.

¡Hay que tener mucho cuidado, porque hemos perdido el miedo, y bajado la guardia!, que nuestra meta sea asistir a la fiesta del fin de año 2021.

El Dr. Anthony Fauci, inmunólogo de Estados Unidos, recomienda lo siguiente: Planeen la fiesta del fin de año de 2021, porque si planean la fiesta de fin de año de 2020, probablemente muchos de nosotros podríamos no asistir a la fiesta del año 2021. De lo contrario la tercera semana de enero la situación podría ser caótica, y hay que tomar en cuenta el agotamiento del personal médico, de enfermería y sanitario en general, que están enfermando y muriendo por salvar personas que no tuvieron cuidado y llevaron el virus a sus familias.

¿Qué pasaría si se colapsa la estructura hospitalaria? ¿Habrá camas, tanques de oxígeno para nuestros seres queridos, y más grave aún para el personal sanitario?… Así pues, que en la cena de navidad asista solo la familia y sus viejos, no debe haber colados; si actuamos con prudencia habremos contenido la pandemia y la vacuna será un regalo divino que la maravillosa inteligencia y dedicación de los científicos traerán quizá para el Día de Reyes.

El problema de la humanidad es que hemos perdido la luz de la conciencia y para ello se requiere otro milagro – el cambio de actitud- que nos permita ser conscientes de que la vida es un regalo divino y debemos cuidar siempre de ella como también de nuestro planeta.

Hagamos del hartazgo y la incertidumbre un credo, que nos permita transitar a la fiesta del año 2021, fundirnos en un abrazo y en un te amo, y con seguridad por nuestra piel correrá el amor en forma de sudor y no en forma de gotas de lágrimas.

Para ello requerimos mucho amor al prójimo, menos individualismo y hacer del clasismo y racismo eslabones de amor y de solidaridad, porque el odio, y estos dos fenómenos, nos hace perder la objetividad y la razón, y termina estupidizándonos.

Para terminar esta retahíla debo recordar a Juan Rulfo: “O nos salvamos juntos, o nos hundimos por separado”.

Dr. Jesús Alberto Davizón Lara, Médico Pedíatra, UNAM