París, Francia.- Marie Anne M. recibió una llamada este lunes a primera hora del camarero del bar que está al lado de su tienda de gafas, en una concurrida calle comercial cerca del Centro Pompidou, en el distrito IV de París. Su comercio había sido asaltado y desvalijado. Cuatro individuos habían forzado el cierre y reventado los cristales. “Cuando llegué los vecinos me enviaron los vídeos que habían grabado durante la noche. Fue a la una de la madrugada. Es estremecedor ver la violencia con la que rompieron los cristales y destrozaron todo. Entraron como cucarachas”, explica la francesa a EL PAÍS.
Los comercios de alrededor, entre ellos un Carrefour, han comenzado este lunes a blindar sus establecimientos con robustas estructuras de madera. “Robaron todas las gafas, no queda absolutamente nada. Es obvio que es para revenderlas. Todos los comerciantes a los que nos han asaltado el comercio y nuestros trabajadores estamos directamente en paro y no sabemos por cuánto tiempo”, explica esta emprendedora.
En la noche del domingo siguieron los asaltos a tiendas, sobre todo en París, tras un fin de semana de violencia extrema en muchas ciudades del país. El ministro de Comercio, Serge Papin, ha ofrecido este lunes la cifra de tiendas que sufrieron pillajes o destrozos: más de 3,000. Existencias saqueadas, escaparates destrozados o locales incendiados. No son solo pequeños comercios. Una treintena de individuos logró asaltar los grandes almacenes BHV frente al Ayuntamiento de París, a pesar del fuerte dispositivo policial en la zona. Parte de los toques de queda decretados es en los alrededores de esta zona comercial.
Los representantes del sector estiman en cientos de millones de euros los daños causados por los actos violentos del fin de semana y el Gobierno ha anunciado medidas dirigidas a los afectados. El primer ministro, Sébastien Lecornu, ha decretado el paro parcial para los comerciantes con tiendas destrozadas y recordó que muchos de los delincuentes atracaron comercios para luego revender los productos en plataformas online; algunos anuncios ya estaban colgados este mismo domingo. El Ejecutivo se ha reunido este lunes con representantes de varias de estas plataformas para exigir la retirada de los reclamos, según ha indicado en X la ministra delegada de Asuntos Digitales, Anne Le Hénanff.
Tras un fin de semana de incidentes en todo el país, los estudiantes, cuyas reivindicaciones han quedado eclipsadas por la violencia, siguen decididos a continuar con las movilizaciones. Denuncian que el Gobierno sigue sin escucharles y dar respuesta a lo que piden: más medios para la educación pública.
Este lunes por la mañana, cuando muchos turistas llegaban al Museo del Louvre antes de su apertura, se encontraron con que no podían acceder a la pinacoteca. Grupos de manifestantes habían bloqueado los accesos con pancartas en apoyo al movimiento estudiantil en Francia y para denunciar “la represión policial” contra los jóvenes que iniciaron las protestas hace ya cinco semanas. Algunos turistas les han increpado e insultado. El museo no ha podido abrir como estaba previsto a las nueve. Justo este lunes se cumplía un año del histórico robo de las joyas de Napoleón. También varios campus universitarios han permanecido cerrados este lunes en Lille o la Universidad París 8.
“Macron dice que hay que escuchar las reivindicaciones de la juventud, pero la realidad es que no ha entendido nada, no ha escuchado nada y no le importan las reivindicaciones de los jóvenes”, ha arremetido en un comunicado la Unef, la tercera organización estudiantil. Ni el mensaje este domingo de Emmanuel Macron ni la violencia de este fin de semana ha apagado a los estudiantes.
Los chalecos amarillos han convocado una protesta el próximo sábado para denunciar el coste de la vida y la subida de los precios del carburante. Además hay anunciada otra movilización el próximo 5 de noviembre. Los sindicatos han llamado a sumarse de manera pacífica.
“Hay un error al pensar que hay dos tipos de manifestantes, el ‘buen’ manifestante y el que rompe cosas o destroza comercios. Hay ‘buenos’ manifestantes que en un contexto particular pueden ser violentos porque sienten una frustración extrema por no ser escuchados o si, por ejemplo, han sido víctimas de violencia policial y entran en una escalada. Pero cuando la violencia explota no se controla y es una dinámica en la que la gente se venga de todo”, analiza Laurent Bonelli, catedrático de ciencias políticas en la universidad de Nanterre, y especialista en violencia y radicalización.
El experto cree que las protestas van a continuar, pues “aunque Macron centraliza la rabia de la mayor parte del movimiento, una vez que la ira explota, se entra en una espiral en la que se empieza con la policía, se sigue con los símbolos de las instituciones y ya es difícil pararla. Hay una violencia oportunista, del que roba para luego revender, pero es algo que va más allá y tiene que ver con una multitud que se embriaga con la propia violencia”.
Con información de El País




